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Publicado en Artículos/Estudios / Consejería/Experiencias/Reflexiones/Liderazgo / — Carlos Mason / 2014-12-19 14:19:37 / 4277

¿Vale la Pena Sacrificar la Familia en Búsqueda del éxito?

Con frecuencia dedicamos toda nuestra vida a construir reconocimiento, éxito y solidez económica, pero generalmente a un costo muy alto: Dejar de lado a la familia

(2: Continuación)

Le invito a considerar un pasaje interesante de la Biblia que habla de los éxitos del más grande profeta de la antigüedad: “Moisés le contó a su suegro todo lo que el Señor les había hecho al faraón y a los egipcios a favor de Israel. También le habló de todas las privaciones que habían sufrido a lo largo del camino y de cómo el Señor había librado a su pueblo de las dificultades. Jetro se alegró mucho al oír de todo el bien que el Señor había hecho por Israel al rescatarlo de las manos de los egipcios. «¡Alabado sea el Señor! —exclamó Jetro—. Pues los rescató de los egipcios y del faraón. ¡Así es, rescató a Israel del poder de Egipto! Ahora sé que el Señor es más grande que todos los demás dioses, porque rescató a su pueblo de la opresión de los egipcios arrogantes». Luego Jetro, el suegro de Moisés, presentó una ofrenda quemada y sacrificios ante Dios. Aarón y todos los ancianos de Israel lo acompañaron a comer lo que fue ofrecido en sacrificio en presencia de Dios.” (Éxodo 18:8-12. NTV)

No podemos negar que Moisés estaba motivado por la pasión hacia el cumplimiento de su deber. Es a Moisés a quien usted ve en el vecino que sale muy temprano hacia el trabajo pero llega muy avanzada la noche; es a Moisés a quien usted aprecia en el líder de la Iglesia que no tiene otra ocupación que servir, servir y servir; es a Moisés a quien puede ver en nuestro tiempo actual yendo a los estrados judiciales para divorciarse…

De nuestro lado muchos se irán. Bien porque se hayan peleado con nosotros, porque no compartan nuestros planes y proyectos, porque tienen una forma diferente de trabajar o sencillamente porque quieren irse. Los últimos que se irán, y lo más probable es que no lo hagan, son los miembros de nuestro círculo familiar. Si tenemos claro este panorama, bajo ninguna circunstancia podemos descuidarlos. Debemos prodigarles cuidado, amor, disposición de ayudarles cualquiera sea la necesidad y acompañamiento en todo momento: en las épocas de gloria pero también en las de fracaso.

Sólo cuando lo hacemos, tenemos ganado el derecho de disfrutar nuestros triunfos. Jamás olvide que sin una familia sólida, edificada bajo principios y valores aprendidos de nuestro amado Dios, el éxito puede ser igual a la derrota. Y es una Lección sencilla que aprendemos al meditar en la vida y ministerio de Moisés.

¿Por qué llevar a casa toda la carga del trabajo?

¿Cree usted que echarse la carga encima de todo el trabajo en una oficina, en una iglesia, en una factoría o donde quiera que se desenvuelva, le hará llegar a la cima? Sin duda que no. Lo más probable es que termine en problemas, bien porque lo dejen solo cuando surjan dificultades o porque —sencillamente— todos se tranquilicen al saber que usted está a cargo, y decidan no hacer nada.

Cuando nos apropiamos de todo lo que se debe hacer en un lugar, allí donde laboramos o prestamos un servicio, terminamos resintiendo nuestra salud, acumulando preocupaciones, acariciando altos niveles de estrés, y lo más grave: sacrificando la relación de pareja y con los hijos.

El profeta Moisés era un hombre exitoso en su ministerio, en el trabajo que realizaba, guiando a las multitudes y, por supuesto, sería recordado por generaciones enteras. No obstante Jetro —su suegro— debió llevarle hasta el desierto a Séfora —la esposa— y a sus dos hijos. Jetro le llevó a entender que el lugar que le correspondía a la familia, era con el esposo.

Pero hay otro dato revelador de Moisés que le invito a tener en cuenta: “Al día siguiente, Moisés se sentó para oír los pleitos que los israelitas tenían unos con otros. Y el pueblo esperó a ser atendido delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Cuando el suegro de Moisés vio todo lo que él hacía por el pueblo, le preguntó: —¿Qué logras en realidad sentado aquí? ¿Por qué te esfuerzas en hacer todo el trabajo tú solo, mientras que el pueblo está de pie a tu alrededor desde la mañana hasta la tarde? Moisés contestó: —Porque el pueblo acude a mí en busca de resoluciones de parte de Dios. Cuando les surge un desacuerdo, ellos acuden a mí, y yo soy quien resuelve los casos entre los que están en conflicto. Mantengo al pueblo informado de los decretos de Dios y les transmito sus instrucciones. —¡No está bien lo que haces! —exclamó el suegro de Moisés—. Así acabarás agotado y también se agotará el pueblo. Esta tarea es una carga demasiado pesada para una sola persona. Ahora escúchame y déjame darte un consejo, y que Dios esté contigo. Tú debes seguir siendo el representante del pueblo ante Dios, presentándole los conflictos. Enséñales los decretos de Dios; transmíteles sus instrucciones; muéstrales cómo comportarse en la vida. Sin embargo, elige, de entre todo el pueblo, a algunos hombres con capacidad y honestidad, temerosos de Dios y que odien el soborno. Nómbralos jefes de grupos de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas. Ellos tendrán que estar siempre disponibles para resolver los conflictos sencillos que surgen entre el pueblo, pero los casos más graves te los traerán a ti. Deja que los jefes juzguen los asuntos de menor importancia. Ellos te ayudarán a llevar la carga, para que la tarea te resulte más fácil.” (Éxodo 18:13-22. NTV)

Piense por un instante cuánto agradaría a su familia que les dedicara más tiempo, el mismo tiempo que hoy dedica al trabajo. Puedo asegurarle que modificar una hora —que invierte hoy en el ministerio o en la ocupación secular que desempeña— para orientarla a su cónyuge y a sus hijos, les hará mucho bien.

Y digo que una hora, porque en ocasiones procuramos hacerlo todo nosotros, no delegamos, y dejamos de lado la posibilidad de estar —esa hora de la que le hablo— con nuestros seres queridos en casa.

No somos indispensables, Dios es el único indispensable. Sin nosotros el mundo no caerá a pedazos. Pero puedo asegurarle una cosa: Nuestras ausencias en casa llegará el momento en que tendrán su efecto negativo y nos pasarán cuenta de cobro cuando los hijos crezcan y la relación de pareja se haya deteriorado.

Hoy es el día para imprimir cambios en nuestra vida personal y espiritual con ayuda de Dios. No solo podemos lograrlo sino además, avanzar significativamente cada nuevo día. Le aseguro que no se arrepentirá. Prendidos de la mano de Jesús el Señor, vamos camino a la victoria. Y si aún no lo ha recibido como Señor y Salvador, hoy es el día para que tome la mejor decisión de su existencia. ¡No se arrepentirá jamás de esa determinación!

Parte 1 Parte 2

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