Publicado en Artículos/Estudios / Evangelizar/Reflexiones / — Carlos / 2013-11-28 15:29:10 / 2208

¿Cómo Invierte Su Tiempo?

Diez y treinta de la noche. Es martes. Un apacible silencio alrededor, apenas roto por el tip, tip, tip del teclado. La luz tenue de la pantalla del computador y un documento nuevo, incluso sin guardar con un nombre específico, en el que aparece simplemente una frase:¿Qué se puede hacer en un minuto?

¿Se ha formulado la misma pregunta alguna vez? ¿No? Pues lo felicito. Porque mirando ese interrogante agoté dos tazas de café tinto, amargo, en un lapso de media hora. Y el interrogante seguía ahí:¿Qué se puede hacer en un minuto?...

Y luego la respuesta: Se puede hacer mucho. En un minuto se puede sonreír y alegrar la vida de alguien; se puede ceder el puesto en el autobús a quien va cargado con paquetes y mira con avidez a todos lados, buscando dónde ubicarse.

En un minuto podemos decirle “te perdono” a aquél que nos causó daño; se puede ofrecer una mano amiga a alguien que necesita ayuda; se puede dar un abrazo con mucho amor a nuestros hijos, o impartir una caricia a nuestro cónyuge.

Pero también en un minuto se puede ofender, disparar a una persona, firmar un documento falso para concretar un fraude, volver la espalda a quien nos necesita, negar un saludo o levantar una calumnia contra nuestro prójimo...

Todo depende...

Definitivamente en un minuto se puede hacer mucho. En sesenta segundos podemos sembrar el bien o practicar el mal. Todo depende de la utilización que le demos a nuestro tiempo. En ambos casos, las fracciones de segundo son las mismas, el centro del asunto es determinar qué hacemos con cada espacio de tiempo.

Aquí cabe una pregunta:¿Qué utilización le da a cada minuto de su vida? Tómese unos  instantes para meditar en este asunto. ¿Ha perdido minutos, horas, días, años llenando su existencia de amargura y frustración? ¿Sus días han sido malos? O por el contrario puede asegurar que todos los años transcurridos fueron placenteros... La respuesta la tiene en sus manos...

Una recomendación especial

El apóstol Pablo advirtió a los cristianos del primer siglo, residentes en Éfeso: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los tiempos son malos” (Efesios 5:15, 16). Lea de nuevo el texto y de seguro coincidirá conmigo en varios puntos claros...

a.- La necesidad de revisar cómo invertimos nuestro tiempo...

b.- Un principio de sabiduría es invertir bien cada minuto. Que luego no nos arrepintamos de los minutos perdidos...

c.- La necesidad de que cada minuto sea realmente productivo. Que lo utilicemos para cosas agradables y edificantes y no en amargura...

d.- Examinar que “los tiempos son malos”. Conozco personas que a pesar de su juventud parecen ancianos, y quienes a pesar de su edad madura, ofrecen la sensación de ser más jóvenes de lo que realmente son. ¿Dónde está el secreto? En la utilización  que le dan a sus vidas...

Redefinir prioridades...

Si hizo un cuidadoso análisis de la manera como invierte su tiempo, está ahora en el momento propicio para decidirse a cuidad la utilización de cada minuto. Que al revisar el álbum de su existencia, no sienta nostalgia por lo mucho que pudo hacer, y no hizo por estar gastando sus días...¡Tome la decisión ahora!. Pídale a Dios que le ayude a ser un excelente administrador de su tiempo...

La mejor decisión

Pero un minuto también puede determinar dónde pasará usted la eternidad.... La Biblia relata que junto a Jesús estaban crucificados dos malhechores. Uno injuriaba al Maestro, aunque se encontraba en los umbrales de la muerte. El segundo sabía que, aunque todo parecía perdido, todavía le quedaba una esperanza. Y le dijo al Señor Jesús: “Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42, 43).

Un diálogo que no tomó ni siquiera un minuto, pero que determinó la Salvación eterna de aquél reo...

Yo le invito para que si no ha aceptado a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, lo haga ahora mismo. Dígale: “Señor Jesucristo, te necesito en mi vida. Te pido que tomes mi ser y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la eternidad”. Amén.

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