Publicado en Estudios/Artículos / Vida Cristiana/Crecimiento Espiritual / — Carlos / 2015-04-12 11:15:32 / 3639

Familia Camino Al Abismo

La familia no puede seguir caminando hacia el abismo porque hay padres que no se preocupan por sus deberes familiars . . . Estamos a tiempo de retomar el curso de las cosas. Si le concedemos a Dios el primer lugar.

Un esposo que ejerce un adecuado liderazgo familiar, genera seguridad en su cónyuge y sienta las bases para que —al crecer— sus hijos puedan hacer frente a la sociedad en la que les tocará desenvolverse y, al mismo tiempo, establecer sus propias familias. Es una cadena. Si lideramos una familia sólida, en la que haya expresiones de amor, comprensión, tolerancia, ayuda, perdón y fe, sin duda ese mismo esquema es el que replicarán nuestros hijos en sus propios hogares, y a su vez, el patrón de comportamiento hogareño que vivirán nuestros nietos.

El apóstol Pablo lo planteó a los creyentes de Éfeso, en el primer siglo, con una enseñanza que cobra especial validez en nuestro tiempo: “ . . . porque el marido es la cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de la iglesia. Él es el Salvador de su cuerpo, que es la iglesia.” (Efesios 5.23. NTV)

El autor y conferencista internacional, John Piper, anota que “ . . . el liderazgo de un esposo se expresa al tomar la iniciativa de asegurarse que la familia está protegida y atendida. De modo que la protección y la provisión no están separadas del liderazgo. Son dos áreas fundamentales donde el esposo está llamado a cargar con la responsabilidad principal.” (John Piper. “Pacto matrimonial”. Tyndale House Editores. 2009. EE. UU. Pg. Pg. 75)

Hemos perdido influencia en la familia en gran medida porque dejamos de lado la importancia de asumir el liderazgo. Y ese liderazgo no debe ser interpretado como imposición o un manejo dictatorial, sino más bien como el proceso de sentar principios y valores que ayuden a transformar el pensamiento y acciones del cónyuge y de los hijos.

Un auténtico liderazgo en familia

Hasta hace algunos años ninguna decisión se tomaba en algunos hogares, hasta tanto estuviera el esposo. La opinión del cónyuge y padre, se respetaba. Tenía validez. Todos valoraban sus orientaciones. Tenían conciencia que su mayor preocupación era el bienestar de todos, y por ese motivo, estaban atentos a qué pudiera sugerir respecto a asuntos específicos.

Hoy el panorama ha ido cambiando progresivamente. Lamentablemente en muchos casos el esposo es al último al que se consulta. Las esposas han asumido esa posición de liderazgo, a lo que se suma otro ingrediente: Los hijos se inclinan hacia su progenitora y respetan sus opiniones, que asocian con equilibrio y en muchos casos con sabiduría.

Sobre esa base, resulta importante revisar el liderazgo que estamos ejerciendo, identificar los errores que hemos cometido e imprimir cambios de fondo y duraderos. Es un proceso en el que todos los componentes de la familia deben estar involucrados.

Todos tienen un aporte significativo. Sus apreciaciones son importantes. Escuchar las opiniones del cónyuge reviste mucha relevancia, así como procurar oír y entender a nuestros hijos. Es una dinámica que nos ayudará a crecer de manera mutua.

El apóstol Pablo, refiriéndose el valor de cada uno de los miembros de la Iglesia, a la que compara también con la familia, escribió: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.” (Efesios 5:29-33. NTV)

Redefinir el liderazgo en casa es un proceso que comienza con la necesidad de sincerarnos, de escuchar a los componentes del hogar —a cada uno, sin interrumpir— y reorientar el rumbo que hemos seguido hasta hoy, el que quizá ha estado gobernado por las fallas. Con ayuda de Dios tenemos la posibilidad de aplicar cambios. Él nos ayudará en el paso a paso que debemos seguir en esa dirección.

John Piper asegura que “Cuando el esposo sustenta y cuida a su esposa, se sustenta y se cuida a sí mismo; y cuando Cristo sustenta y cuida a la Iglesia, se sustenta y se cuida a sí mismo…. Una de las cosas que aprendemos sobre el misterio del matrimonio es que en la relación, los roles del esposo y la esposa son distintos.” (John Piper. “Pacto matrimonial”. Tyndale House Editores. 2009. EE. UU. Pg. Pg. 75)

¿Pueden cambiar las circunstancias? Por supuesto que sí. Todo parte de reconocer que hemos fallado y que es necesario traer cambios permanentes, con ayuda del Señor. Un primer paso es convivir y aprender escuchar al otro; el segundo, disponer nuestro corazón para cambiar, y el tercero, propiciar el mutuo entendimiento.

Si reconoce que hasta hoy no ha asumido el rol que le corresponde como esposo, es tiempo de asumir esa enorme responsabilidad. Insistimos: No bajo criterios de imposición, sino mediante el diálogo con el fin de identificar dónde está el error, con el fin de aplicar correctivos.

Parte 1 Parte 2 Parte 3

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Fernando Alexis Jiménez es director del Portal cristiano MENSAJERO DE LA PALABRA

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