Publicado en Artículos / Sermones / — Carlos / 2013-12-25 15:25:24 / 3420

La Fe Que Viene Por el Oír la Voz de Dios

El Evangelio no es un secreto que Dios nos dió para guardarlo ni esconderlo, sino para que salga a la luz, y que toda nuestra familia, nuestros vecinos y amigos, nuestros compañeros de labores, nuestra ciudad, nuestra nación, y todas las naciones y pueblos, lo reciban para la gloria de Dios.

En Marcos 4:21-25 dice la palabra de Dios: “¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz. Si alguno tiene oídos para oír oiga. Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se añadirá a vosotros lo que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

Todos sabemos que la luz será inútil si la tratamos de esconder o poner debajo de la cama. La luz debe estar en un lugar donde permita iluminar toda la habitación. Cada verdadero hijo o hija de Dios ha recibido la luz del Señor. La tiene usted? Todo aquel que aceptó a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida tiene la luz de Dios. Es bueno preguntarnos: Para qué la tenemos? La Biblia dice que la tenemos para difundirla, pues usted y yo somos la luz de Dios en este mundo. Jesús afirmó que “no hay nada oculto que vaya a ser manifestado- o escondido- que no salga a la luz”. Dios no sólo nos dado Su luz y Su gracia, sino también preciosos dones, con el propósito de que los repartamos a otros que viven sin Dios, sin luz y sin esperanza. El Evangelio no es un secreto que Dios nos dio para guardarlo ni esconderlo, sino para que salga a la luz, y que toda nuestra familia, nuestros vecinos y amigos, nuestros compañeros de labores, nuestra ciudad, nuestra nación, y todas las naciones y pueblos, lo reciban para la gloria de Dios. Pero, luego de decirnos que somos la luz del mundo, nos da una advertencia diciendo: “si alguno tiene oídos para oír, oiga”.

Es que la palabra de Dios requiere que sea oída con suma atención para que provoque una respuesta de obediencia de nuestra parte. Por eso Jesús agrega: “Mirad, lo que oís”. Podríamos agregar que nos advierte diciendo: “Atiende bien lo que te estoy diciendo”. Lo que oímos debe penetrar nuestro entendimiento y requiere nuestra total aceptación para ponerlo por obra. Pues, para que otros nos presten atención a lo que decimos de Dios, debemos atesorar, y llevar a la experiencia primeramente nosotros, lo que Dios nos dice. Entonces nos encontramos con una ley espiritual que dice que indefectiblemente “con la medida que medís, os serás medido”. O sea que en la medida que usemos los dones que nos ha concedido, el Señor aumentará o cancelará nuestra capacidad. En consecuencia, si hacemos buen uso de lo que Dios nos dio, Él siempre los aumentará. Ahora, preste atención a lo que Jesús nos dice: “y aún se añadirá a vosotros lo que oís”. Se trata de que seamos; qué?: Buenos oidores. La razón de ello es que si escondemos el talento que nos ha sido prestado, pronto se volverá inútil, y así como el hierro, cuando no se usa se oxida. Entonces vendrá el Señor y como nada hemos logrado, aun lo que tengamos nos será quitado. Lo que significa que Dios quiere que hagamos buen uso de los dones, y así Él nos otorgará nuevos dones con nuevas responsabilidades. Pero si el don que tenemos, no lo usamos, Dios nos lo quitará. Veamos: cuál es el primer don que Dios nos ha otorgado? La respuesta es: el don de la FE.

Sin fe ningún creyente hubiese alcanzado la salvación. Y la Biblia dice que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17). Dios nos ha dado oídos para que podamos oír lo que otros nos dicen, y para oír los sonidos que puedan prevenirnos de peligros, y también para oír sonidos o melodías agradables. Cuando alguien sufre problemas auditivos serios, como resultado de estos síntomas, la persona comienza a tener problemas de estabilidad, sufre mareos y hasta desmayos. En nuestra vida espiritual puede ocurrir lo mismo, si nuestro oído espiritual es defectuoso, vamos a comenzar a tambalear, y estaremos al borde de caer de nuestra condición espiritual. Para mantener sano nuestro oído espiritual, debemos oír con suma atención la palabra de Dios. No cabe duda que durante el día, todos oímos distintas voces y sonidos que pueden interrumpir nuestra continua atención a la palabra de Dios, o que pueden apagar el don de la fe. No me refiero únicamente a oír palabras malas u obscenas, me refiero a las voces negativas, de desaliento y frustración que vienen a nuestra mente, y que pueden desestabilizar nuestra fe. Son voces del enemigo que tartán de atacar este don de fe, y si no reaccionamos, el don puede quedar escondido. Esto es una trampa del enemigo para que le demos más importancia a las preocupaciones materiales y dejemos de usar la fe de Dios. Entonces, cómo podremos repartir fe a otros si no la usamos para nosotros mismos? La Biblia dice que la fe viene por el oír, pero el oír la palabra de Dios. En Romanos 10;17, la palabra oír fue traducida del griego AKUO, esta palabra tiene dos significados: la primera es la acción de oír identificando cualquier voz o sonido que llegue al oído. El Segundo significado es la acción de oír entendiendo el significado del mensaje. Entonces, con el oído podemos identificar el sonido que produce el viento, pero allí finalizo el oír. Pero cuando alguien nos habla, estamos percibiendo y entendiendo lo que nos dice, lo que provocará una reacción que puede ser negativa o positiva.

Cuando Jesús estaba en camino a la casa de Jairo para acudir a salvar su hija de 12 años que se estaba muriendo, Dice la Biblia que iba rodeado de una multitud que lo seguía, y que se detuvo cuando una mujer enferma tocó su manto, y al instante ella recibió sanidad. Mientras se producía este milagro, y Jesús dialogaba con la mujer, alguien de la casa de Jairo llegó para darle la triste noticia de que su hija había muerto, y el mensajero agregó estas palabras: “no molestes más al maestro”. Cuando Jesús oyó el mensaje, le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente y será salva” (Lucas 8:50). En realidad Jesús le estaba diciendo a Jairo: “No prestes atención al mensaje negativo, solo sigue creyendo en el motivo por el cual me viniste a buscar, y te será hecho”. Qué ocurrió luego? Cuando Jesús llegó a la casa, todos lloraban la muerte de la niña. Entonces Jesús hizo callar a los que se lamentaban, y le dijo al cuerpo muerto de la niña que yacía en la cama: “Muchacha, levántate!” Y al instante resucitó de la muerte.

Quiero hacerle una pregunta a usted: Qué voz está escuchando hoy? Quizás le han dicho que tiene cáncer, y que le queda poco tiempo de vida? O, está deprimido porque escuchó donde trabaja que lo van a despedir? O, que su cónyuge le dice que le quiere abandonar? O, que un hijo suyo está en caminos de perdición? No oiga esas voces. Hoy el Señor te dice: “NO TEMAS, CREE SOLAMENTE”. Si todos los que le rodean le dicen: No vas a salir adelante, No vas a conseguir trabajo, Nadie te estima, Todos te rechazan, El asunto está perdido, Nunca te pagarán la deuda. No lo escuche, preste sólo oídos a lo que el Señor le está hablando: “No temas, cree solamente”. Y lo que crea le será hecho por el Señor!

Pero no se olvide, usted ha sido llamado a ser luz en medio de las tinieblas, no esconda el don de la fe, ni permita que el enemigo se lo robe, sáquelo a la luz, úselo! Empiece a usarlo en usted mismo. Todo lo que el Señor nos ha prometido, Él lo hará posible! Todo lo que crea firmemente en su corazón, tenga la confianza que Jesús lo hará así como lo hizo con la hija de Jairo, por la fe de su padre.

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