Publicado en Artículos / Experiencias/Esperanza / — Carlos / 2013-11-25 06:51:27 / 1253

Las Mil Cartas de Un Padre

Guillermo Lombana ha escrito mil cartas en los últimos dos años. Son misivas largas, con letra menuda. En todas ellas pide la libertad de su hijo Guillermo Jr. secuestrado en Colombia.

Desde entonces, la casa de ladrillos de concreto rústico no es la misma. En el hogar reina la tristeza. El calendario, con un paisaje de fondo en el que aparecen un lago y montañas que se pierden en el infinito, marca el día en que se produjo el doloroso hecho: 16 de abril de 1999.

Ya no se escucha la algarabía de este chico de 16 años, cuando llegaba de jugar al fútbol, sudoroso, pero con una sonrisa de satisfacción, que iluminaba todo a su alrededor. Era alegre, impetuoso, de buen genio y un estudiante sobresaliente. Se lo llevaron al atardecer, en medio de un calor insoportable que parecía derretir las herraduras de los caballos al desplazarse por las calles empedradas, en San Vicente del Caguán. Lo único que recuerdan sus vecinos, es que lo arrastraban con violencia, mientras él gritaba presa de la desesperación: “No me dejen llevar...”

Su padre guarda la esperanza de verlo llegar un día, cuando el sol muere en el horizonte y las nubes se confunden con el límpido azul del cielo. Sigue escribiendo cartas a todos cuantos cree, pueden ayudarle a encontrar su primogénito. No descansa. A pesar de su pobreza y los años que ya le pesan, sigue albergando el sueño de verlo regresar. “Se que volverá, no pierdo la esperanza”, dice.

Un hijo pródigo moderno

Tal vez usted siente que la vida se convirtió en un mar de problemas. Cada día es un nuevo martirio. Piensa que nadie lo entiende. Su familia y amigos lo abandonaron. Todos lo critican. Nadie da un peso por su vida. Posiblemente ha pensado en quitarse la vida. Considera que no vale la pena existir. No tiene metas ni expectativas.

¿Y Dios? Probablemente siente que incluso Dios está lejano de su existencia. Ha pedido pero piensa que el Señor no escucha sus oraciones. Íntimamente se siente un pecador imperdonable. El pasado le acusa. “No voy a poder cambiar”, se repite una y otra vez. Considera que no hay ninguna salida para el laberinto...

Vida en abundancia

Cualquiera que sea su situación, hay una salida. No todo está perdido. Todavía frente a usted se extienden centenares de hojas en blanco para que comience a escribir desde hoy los nuevos capítulos de su vida en victoria. L Señor Jesucristo lo prometió: “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos...yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10: 9, 10).

El propósito de Dios no es ni ha sido que usted viva en amargura y derrota. Por el contrario, su plan está orientado a que viva plenamente. Sacarle la buena partida a cada instante, tener la visión del triunfador que Dios quiere que usted sea.

¿Qué hacer?

El primer paso es disponerse para cambiar. No puede seguir como hasta ahora, derrotado por la naturaleza pecaminosa. Al igual que la ilustración de este estudio, Dios está buscando a un hijo que por años ha estado perdido, desaparecido...

No importa cuantos pecados tenga. El nos perdona. Nuestro amado Señor Jesús dijo: “...los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificios. Porque no he venido a llamar justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:12, 13). También dice la Escritura: “...la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 7b).

Su existencia puede ser diferente a partir de hoy. El segundo paso es permitir que el Señor Jesucristo entre a su vida. Puede hacerlo ahora, frente al computador. Dígale:”Señor Jesucristo, mi vida hasta hoy ha sido un caos. No quiero seguir igual. Te pido que entres en mi corazón y cambies mi forma de ser, pensar y actuar. Quédate conmigo para siempre”. Amén.

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