Publicado en Historias / Evangelizar/Inspiracional / — Carlos / 2014-01-09 15:02:39 / 8161

Los Ganadores No Nacen, Se Hacen...

(3: Continuación)

Una ineludible ley del reino de Dios

Si buscamos a Dios, salimos adelante, vencemos las dificultades y somos prosperados en todos los órdenes. Esa es una ley del reino de Dios que podemos apreciar en la vida del rey Uzías y la de todos aquellos que marcaron un hito en las Escrituras. Quizá usted no lo ha probado. Hágalo desde hoy. Comience a caminar conforme Dios quiere, tal como lo expresa en la Biblia. Puedo asegurarle que donde quiera que vaya, tendrá la victoria. Porque Dios va delante de nosotros como Poderoso Gigante.

El relato refiere que este joven monarca israelita venció, por encima de cualquier circunstancia. “... y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó”. También encontramos otros versículos que sustentan esta ley del reino de los cielos “Dios le ayudó contra los filisteos, y contra los árabes que habitaban en Gur-baal, y contra los amonitas” (v. 7) y también “... su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso” (v.15 b.)

Alejarnos de Dios, el principio de la derrota

Imagine por un instante que su vida, y la mía y la de todos nosotros, es como una película con dos finales. Si termina bien o mal, dependerá de cada uno de nosotros, no de Dios. Él tiene un plan maravilloso para nuestra existencia, pero deja en nuestras manos el tomar las decisiones.

¿Cuándo comienza nuestro fracaso? Cuando nos alejamos del Dios de poder. Cuando en nuestra vida toman fuerza el orgullo, la autosuficiencia y la independencia. La Biblia señala que el rey Uzías “... cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina, porque se rebeló contra Jehová, su Dios, entrando en el templo de Jehová, para quemar incienso en el altar del incienso” (v.16).

Este gobernante pudo concluir una vida en victoria. Pero tomó una decisión equivocada y “...fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová” (v. 21).

¿Cómo terminará su vida? No olvide jamás que la decisión está en sus manos. Y la mejor decisión que puede hacer, es aceptar a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Es fácil. Y puede hacerlo ahora mismo, frente al computador. Sólo basta que le diga en oración: “Señor Jesucristo, te pido que entres en mi corazón y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por perdonarme los pecados y transformarme conforme tu voluntad”. Amén.

Si tomó esta decisión, le felicito. Ahora resta que someta su vida al Creador, se congregue en la iglesia cristiana más cercana, lea la Biblia y asuma el hábito de orar. ¡Su vida jamás será la misma!

Parte 1 Parte 2 Parte 3

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