Publicado en Artículos/Estudios / Evangelizar/Liderazgo/Crecimiento Espiritual / — Carlos / 2013-11-25 16:10:40 / 1563

Ser Cristiano: Una Experiencia de Crecimiento Permanente

Publicar su primer libro fue toda una odisea. Corría el año de 1966. Le tocó hacer una y mil maromas para conseguir la financiación. Comenzar siempre es duro, y más cuando se trata de un poeta

Sin embargo Mario Rivera no se dio por vencido. Y a su primera compilación de composiciones poéticas, siguió la segunda, y la tercera hasta completar catorce libros. “Las primeras publicaciones eran sobre la vida y el color. Los últimos libros están volcados hacia un análisis interior. Hoy me planteo la importancia y de Dios y la gravedad de la violencia”, confesó en un reportaje.

Por largos años este escritor de Antioquia, Colombia, luchó contra viento y marea para sacar adelante la revista “Golpe de dados”, una verdadera utopía que gracias a su perseverancia, entusiasmo y fe, jamás dejó de circular.

Los duros golpes recibidos en su carrera de sueños, ilusiones y esperanzas, se vieron compensadas hace algunos días cuando todo un auditorio se levantó para aplaudir a Mario Rivero. En aquella ocasión recibió el Premio Nacional de Poesía “José Asunción Silva”, uno de los máximos reconocimientos de la literatura colombiana. Cuando las lágrimas surcaron su rostro, pensó que los años no pasan en vano y que días, meses y años, le habían llevado a madurar en su estilo.

Crecimiento en la vida cristiana

La vida cristiana es un proceso de crecimiento permanente. Nunca dejaremos de aprender las grandezas de Dios. Cada día, unidos a Dios, ascendemos un nuevo peldaño. Es inevitable: no llegamos a ser cristianos de éxito de la noche a la mañana. Es cierto, nuestro amado Señor Jesucristo nos perdonó todos los pecados en la cruz y nos abre las puertas a una nueva vida, pero es allí donde apenas comenzamos. Crecer se convierte en un trasegar constante.

El apóstol Pablo lo describió sabiamente: “Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara...” (1 Corintios 13: 11,12).

Firmes con Dios

Con mucha frecuencia recibo cartas de personas que me dicen: “Estoy cansado de intentarlo. Definitivamente voy a renunciar. Creo que no nací para vivir la vida cristiana”. Son cartas sinceras, algunas con angustia. Personas que reconocen que cometen fallas. A ellas necesariamente les hablo de la importancia de seguir asidos de Dios, agarradas de su mano, pidiéndole que les ayude a crecer en la fe y en su conocimiento.

También fue Pablo quien escribió: “Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano” , y el apóstol Pedro aconseja en su carta universal: “Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidia y toda calumnia, deseen con ansia la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación, ahora que han probado lo bueno que es el Señor” (1 Corintios 15:58 y 1 Pedro 2:2. Lea también 1 Tesalonicenses 3:12).

Es fundamental entender que usted y yo, al aceptar a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, apenas comenzamos ese proceso de crecimiento. Un ejemplo claro: el apóstol Pedro. Era irascible, algo violento, impulsivo y en su momento negó a Jesús. Pero en el libro de los Hechos, transformado por el poder de Dios, lleno del Espíritu Santo, le encontramos predicando poderosos mensajes que llevamos decenas, centenas y miles de almas a los pies del Señor.

Si usted devuelve el casete de su vida, encontrará que sin siquiera darse cuenta, se han producido cambios en su existencia. Quizá quienes no nos damos cuenta de la transformación, somos nosotros, pero sí quienes nos rodean.

Le animo a seguir adelante. Si falló, busque a Dios en oración, levántese y siga avanzando. Muchos renunciaron a crecer en la vida cristiana incluso antes de comenzar. Las primeras dificultades les llenaron de inquietud y desánimo y volvieron atrás. Ahora, si usted tiene contacto con alguien que desea volver atrás, anímelo. Que conozca al Dios de amor y no ese Dios castigador que no comprende el proceso de quien está creciendo en la fe y en la vida cristiana.

¿Le falta algo?

Es probable que Jesucristo todavía no sea el dueño de su ser. Ha tenido temor de aceptarlo, justamente porque considera que ser cristiano es complicado. Pero quizá este tema tocó su corazón y quiere aceptar al Señor en su vida. Dígale, incluso allí frente al computador: “Amado Jesucristo, reconozco que te necesito. Mi vida ha sido un caos y no quiero seguir igual. Te pido que entres en mi corazón, transformes mi existencia y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por inscribirme en el Libro de la Vida Eterna”. Amén.

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