Publicado en Artículos / Sermones / — Carlos / 2015-04-05 20:21:57 / 4965

La Espada del Espíritu

Para no errar el camino, dice la Biblia que debemos permitir que la palabra de Dios separe nuestra alma de nuestro espíritu. Hasta que nuestra alma no sea partida y apartada de nuestro espíritu, podremos estar eligiendo el camino del error, creyendo que es el correcto.

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Dios ha llamado a sus hijos e hijas a vivir una nueva vida como vencedores. Aunque en el mundo religioso algunos dicen que “todos los caminos conducen a Dios”, la Biblia deja bien claro que ante nosotros existen sólo dos caminos y muy diferentes, para transitar en esta vida. Y que de la elección de uno de ellos dependerá que tengamos una vida de victoria en todo lo que emprendamos, o de total derrota. En Mateo 7:13,14 dice Jesús: “…Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición,…y angosto el camino que lleva a la vida,..”. En Proverbios 16:25 encontramos una seria advertencia que dice que “hay camino que al hombre le parece derecho. Pero su fin es camino de muerte”. Jesús no nos dejó con la incógnita de cuál es el camino estrecho que nos lleva a la vida, Él mismo declaró estas palabras: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mi” (Juan 14:6).

La palabra de Dios sin embargo nos advierte, con la intención de que no nos confundamos, en la elección del camino que a nosotros, puede parecernos derecho. Esto establece una preocupante realidad; la de que podemos confundirnos. Para ello debemos formularnos a nosotros mismos un par de preguntas: Quién realmente está guiando nuestra vida hoy? Y la otra es: Cómo podemos verificarlo?. Tenemos que ir a la Biblia por la respuesta, y allí nos encontramos con que “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de dos filos. Y penetra hasta partir el alma y el espíritu” (Hebreos 4:12). Lo que significa que la palabra de Dios obra cuando penetra y divide nuestro ser interior. Lo importante es saber qué es lo que divide. Precisamente divide los dos caminos, porque cuando la Palabra penetra “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Es necesario separar los pensamientos y análisis que hacemos en nuestra alma; de las motivaciones de nuestro corazón. Todos sabemos que tenemos un corazón engañoso, por lo tanto podemos elegir mal el camino, pues la elección puede estar basada en lo que pensamos, e impulsados por la motivación de nuestras intenciones humanas.

Para no errar el camino, dice la Biblia que debemos permitir que la palabra de Dios separe nuestra alma de nuestro espíritu. Hasta que nuestra alma no sea partida y apartada de nuestro espíritu, podremos estar eligiendo el camino del error, creyendo que es el correcto. El problema principal es que el alma busca que nos amemos a nosotros mismos, y es tan fuerte ese deseo que convence al corazón para andar en la misma dirección. Sólo cuando nuestro espíritu humano es avivado por el Espíritu Santo, recibimos la revelación de la verdad que impedirá que nos equivoquemos.

Veamos, Cuándo un creyente puede ser confundido? Cuando el creyente esté viviendo su vida cristiana desde el alma, o anímicamente, sólo tiene la apariencia de ser un creyente espiritual, pero realmente es un creyente anímico, y no espiritual. Dónde se establece la diferencia? Cuando nos convertimos en hijos o hijas de Dios, naturalmente nos sentimos impulsados a involucrarnos en la obra de Dios. Aquí es donde podemos quedar atrapados por el alma, pues todos tenemos un estímulo natural hacia la acción, y si por ejemplo, seguimos la inclinación natural de ayudar a otros, terminaremos trabajando en nuestras fuerzas, y queriendo hacer lo que pensamos es lo mejor en nuestra opinión. Una mujer que se convirtió al Señor, se hizo miembro de nuestra congregación, y se ofreció para colaborar en la iglesia. Ella tenía dotes naturales para el canto lírico, y había participado en algunos eventos vocacionales. Pensó que Dios la había llamado para que usara su don natural para la obra de Dios. Pero luego de probarla, notamos que ella no se unía al coro, siempre buscaba un lugar para sobresalir, causando problemas al grupo. Hablé con sinceridad con ella, y le expliqué que no estaba lista para participar en el ministerio del canto y la música. Pareció entenderlo, y dado sus fervientes deseos de servir al Señor, le dimos una tarea en la iglesia, que ella aceptó en principio. Pero pronto surgieron problemas de relación con otros miembros por la forma en que ella encaraba la tarea. Y cada tanto volvía a insistir en que Dios la llamó para el ministerio del canto y la alabanza. Finalmente, se fue de nuestra congregación a otra. Y nos dijo que ellos habían aceptado su ministerio. Pero al poco tiempo nos enteramos que estaba en una tercera iglesia tratando de integrarse al coro. El problema principal, fue que ella no permitió que su alma fuese partida y quebrantada, y así siguió errando el camino al cual Dios la había llamado.

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