Publicado en Artículos / Sermones / — Carlos / 2013-11-07 17:56:29 / 8073

La Sal de la Tierra

“Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar donde está colocada la ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril. Entonces le dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron. Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.” (2 Reyes 2:19-22)

El profeta Elías había dicho a Eliseo que le pidiera lo que quisiera, y que lo cumpliría si permanecía junto a él, antes de que fuese quitado del lugar. Y Eliseo le pidió que una doble porción de su espíritu venga sobre él. Notemos que Eliseo no le pidió el mismo espíritu, sino el doble. Y así se cumplió, si miramos las Escrituras, encontraremos que Eliseo hizo el doble de milagros que hizo Elías.

Dice la Biblia que inmediatamente que el carro de fuego llevó a Elías a los cielos, Eliseo recogió el manto que había caído al suelo, y fue y se paró a las orillas del río Jordán. Tomando el manto de Elías, golpeó las aguas, y al instante se abrieron y pudo pasar en seco; así como lo había hecho Elías anteriormente. Luego llegó a Jericó. Como dice el pasaje bíblico, los pobladores tenían un problema, no tenían agua potable para beber, y la tierra era estéril. Le presentaron el problema a Eliseo, sabiendo que el Espíritu de Dios estaba sobre él. Eliseo les pidió que le trajeran una vasija nueva llena de sal. La sal en la Biblia, es un símbolo muy importante de sanidad, dado que una de las principales propiedades de la sal es de preservar la corrupción de las carnes. El hecho de que la pusieran en una vasija nueva, fue para que la propiedad sanadora de la sal no se contaminara con nada. La obediencia de los pobladores en hacer lo que pidió Eliseo, fue una prueba de fe para quienes iban a ser beneficiados con el milagro. Muchas veces le pedimos a Dios un milagro, pero no obramos con la fe para recibirlo, ni tampoco obedecemos los mandatos de Dios en nuestra conducta. Y luego, nos quejamos diciendo que Dios no contesta nuestra oración!

Dice la Biblia que Eliseo fue a las fuentes de los manantiales de las aguas, y les echó la sal, y las aguas fueron sanadas en su origen. Todos los creyentes en la fe de Jesucristo, fuimos sanados en nuestro origen. Dios reformó todo nuestro ser, regenerando nuestro corazón, que es nuestra fuente de vida.

Eliseo no hizo el milagro en su propio poder, pues lo hizo en el nombre de Dios, él dijo: “Así ha dicho el Señor: YO SANÉ ESTAS AGUAS, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad”. Esta no fue una sanidad temporal, la Biblia dice: “Y fueron sanas las aguas hasta hoy”. Cuando Dios sana, lo hace para siempre. En Marcos 9:50 dice: “Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz unos con otros”. Jesús dijo a sus discípulos y a nosotros mismos: “Vosotros sois la sal de la tierra”. Recordemos que la sal que Eliseo echó en las aguas, las purificaron, transformándolas de malas en buenas. Así Dios busca que hoy nosotros llevemos sanidad y salvación a otros. Por eso Jesús dice que no debemos permitir que nosotros nos volvamos insípidos, sin sabor ni poder de Dios para detener al corrupción. Como hijos e hijas de Dios somos sal con todos los atributos sanadores, en la medida que conservemos intactas las propiedades sanadoras.

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