Publicado en Estudios / Crecimiento Espiritual/Esperanza/Vida Cristiana / — Carlos / 2014-07-16 11:43:16 / 36983

¿CÓMO GANARÁS TU BATALLA ACTUAL?

La Palabra de Dios nos expresa en Éxodo 15:3 que “Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.” Y que su voluntad es que Su pueblo, su ejército espiritual-terrenal, también sea victorioso. Romanos 8:37 dice: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

(4: Continuación)

7. Marchar

Éxodo 14:15 El cruce del Mar Rojo

En éste punto lo que quiero destacar es que uno de los propósitos de los ataques del enemigo y las batallas espirituales es intentar detenernos para que no avancemos.

En éste episodio, muy conocido por todos, vemos al Pueblo de Dios saliendo de Egipto para cruzar las aguas del Mar Rojo siendo perseguidos por sus enemigos opresores que los habían mantenido en cautividad por tantos años.

En lo natural la situación era complicada pues el pueblo de Dios estaba cercado por las montañas a los costados, adelante tenían las aguas del Mar Rojo (¡y no tenían botes!) y atrás venían los enemigos furiosos intentando detenerlos.

Por lo que leemos en los vv.13-15 luego de la confesión de fe de Moisés ante el pueblo, pareciera que la duda hubiera abrazado al gran líder: “13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. 14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”.

Moisés ante el pueblo no podía demostrar flaqueza sino fortaleza y fe, pero luego de dar esa palabra poderosa de ánimo, pareciera que le hubiera preguntado con la voz de su mente al Señor: ¿Y ahora que hacemos Señor? – Por eso, “Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.” (v. 15)

¿Qué le quiso decir el Señor? - Sigan caminando hacia las aguas, como lo vinieron haciendo sin detenerse y no miren al enemigo sino a Mí, porque Yo soy su Libertador -.

En las batalla espirituales a veces podremos sentir la respiración del enemigo a nuestras espaldas, intimidándonos para que nos detengamos de hacer lo que Dios nos ha dicho que hagamos. En ese momento no hay que orar, ni reprender o hacer otra cosa sino simplemente marchar, es decir, seguir caminando hacia adelante haciendo lo que Dios nos dijo que hiciéramos. ¡Se necesita fe para seguir caminando cuando sentimos la estampida del ejército enemigo pisándonos los talones!

Todos conocemos el relato y vemos que el resultado de haber continuado caminando, marchando, fue que no solo las aguas de abrieron para que pudieran cruzar sino que todos sus enemigos fueron destruidos.

8. Disminución de recursos

Jueces 7:5-7 El ejército reducido para una gran victoria.

Pelear la buena batalla de la fe del lado del Señor no solo es una experiencia poderosa pero también debemos decir que a veces es desconcertante para nuestra mente natural. En éste relato se ve esto reflejado.

Para batallar contra los madianitas, la estrategia de Dios fue algo que ningún ejército humano podría hacer, especialmente en esos tiempos donde las batallas eran cuerpo a cuerpo principalmente.

Los vv. 1-2 dicen lo siguiente: “Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá del collado de More, en el valle. 2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.”

El Señor dijo que para ganar esa guerra y no caer en la vanagloria humana algo debía suceder. Los vv.3-7 lo detalla muy bien: “3 Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil. 4 Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá. 5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. 6 Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas. 7 Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar.”

¡Para ganar esta batalla el ejército debía ser reducido numéricamente de treinta y dos mil a solo trescientos hombres! ¿Se imagina todo lo que habrá pasado por la cabeza de Gedeón en ese momento?

El resultado de “semejante locura divina” fue que el pueblo ganó la batalla y toda la Gloria fue para el Señor.

Existen ciertas batallas espirituales donde no la vamos a ganar por la cantidad de gente que tengamos sino por la calidad espiritual de “los trescientos”. El número “trescientos” es figurativo, y puede no solo estar limitado a la cantidad de gente. Hay victorias que las ganaremos con otros pocos a nuestro lado, con menos recursos, en una situación de debilidad, etc., para que nos demos cuenta que en las cosas del Espíritu, debemos utilizar las estrategias del Espíritu dadas por Dios para ganar las batallas de Dios.

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